Cuando bajas del teleférico, te piensas que el templo ya estará allí, pero no. Queda una paseo por calles llenas de tiendas donde venden objetos religiones y puestos de comida hasta llegar a la plaza donde se encuentra el santuario. Todo es muy real, por allí pasamos pocos occidentales y el lugar no está pensando para nosotros, lo que sin...
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