Un museo que merece la pena visitar, escalofriante a la par que instructivo. Sin duda su gran baza es el montaje museológico, que consigue erizarte el vello y trasladarte a los escenarios más siniestros por los que pasó la población húngara.
Quizá echamos en falta la traducción de algunas cosas que solamente estaban en húngaro. Eso sí, si no hablas...
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