Vivi tres años en Japón, y al intentar huir de la ciudad, decidí viajar a la isla de Sado. Reservé con una amiga en este ryokan y no nos equivocamos: la experiencia fue hermosa. Es una casa antigua, sin lujos, con casero súper amables y atentos, más allá de las costumbres japonesas. Por supuesto, no hablan español, pero tampoco inglés....
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