Hotel pequeño y amable, con sólo seis habitaciones, situado en el interior, junto a la iglesia del pueblecito de Selva, alejado de las masas de turistas, pero muy cómodo para explorar el norte y el oeste de la isla. Las habitaciones son cómodas y de buen tamaño y están en una antigua villa restaurada del siglo XVII, con mucho carácter. Tiene un patio precioso y un jardín con una piscinita ideal para relajarse. Hay una cocina junto al patio con un bar en el que te puedes servir las bebidas tú mismo. Tuvimos el hotel para nosotros solitos los días que estuvimos allí. El pueblo está situado sobre una colina, con vistas a todos los alrededores. El hotel no tiene restaurante propio, sólo un salón para el desayuno en la bodega, pero hay un restaurante justo al lado (Es Parc) con una gran terraza también con unas vistas buenísimas. Hay otro buen restaurante (Can Simó) bajando la calle principal, al pie de la colina, antes de torcer hacia Selva. En resumen, un sitio ideal para escaparse y... más
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