Lo mejor de este hotel sin duda es la ubicación, a media ladera de la montaña con vistas privilegiadas sobre el lago Tornetrask y el valle Lapporten. La sala común (con una chimenea útil incluso en agosto) y el restaurante tienen magníficas vistas y son muy acogedores. Las habitaciones flojean bastante, incluso para el estándar nórdico resultan pobretonas, más propias...
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