Nos encantó la idea de las casitas. La más bonita definitivamente es la casita Libélula dónde nos hospedamos. El deck para Yoga, nos pareció increíble. El servicio muy personalizado y amable. La comida, fresca y exquisita. La fogata al atardecer fue algo mágico. Realmente se va a descansar y olvidarse de la gran ciudad.
La playa, sin embargo, no es...
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