Aunque nos costó un poco encontrar el lugar (hubiera sido mejor preguntar en el bar del pueblo), lo que encontramos fue un entorno hogareño, familiar, y muy acogedor. El lugar es muy tranquilo, y los dueños (Colette y Claude) son encantadores, y nos trataron como si fuéramos de la familia.
No podemos quitarnos de la cabeza y del paladar lo...
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