Muryel y Serge saben hacer de su casa un sitio absolutamente acogedor. Estuvimos con dos niñas de 9-15 años que disfrutaron de un entorno y alojamiento perfecto en todos los sentidos: vista, una decoración impecable y ben cuidada; oido: el silencio y el run run de su gato deslizandose; olfato: unos desayunos en un ambiente impecable (quieres adivinar que frutas...
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