Nos alojamos en la Casa Rossa (edificio anexo al Albergo Milano) en la habitación nº11. Nos habían advertido que era una tercera planta sin ascensor, así que ya nos habíamos mentalizado. Lo cierto es que una vez estás allí entiendes que el concepto ascensor no existe. El pueblo es encantador, casitas apiladas en el borde de la montaña, callejuelas empinadas...
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- Albergo Milano
