Efectivamente, los dueños eran muy amables, pero solo estaban disponibles por la mañana, a la hora del desayuno, en el que, por cierto, nunca eran puntuales. Por la tarde desaparecían y no se les podía localizar, ni para conseguir la contraseña de internet ni para cualquier problema que pudiera ocurrir. Les pedimos información para ir a los lagos que prometieron...
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