Tranquilo hotel boutique junto al gran canal. Muy pocas habitaciones. Cerca de la parada del vaporetto de S. Tomá y del traghetto. Lo mejor, el balconcito del bar. Lo peor, la iluminación de las habitaciones (sería mejor que fuera más difusa). Servicio amable, educado y muy dispuesto. Recomiendo el acceso desde el aeropuerto con water-taxi, al mismo muelle del hotel.
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