Hotel precioso, en la parte más "moderna" de Ragusa, enfrente de una de las catedrales. El personal encantador y los salones para desayunar y cenar dignos de película, recargados, barrocos, con un gusto exquisito. Los desayunos caseros y geniales, con mermeladas geniales.
Lástima que las habitaciones no vayan a juego con el resto del hotel. Mezcla de moderno y antiguo...
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