Encontrar el Crispolti fue difícil en sus pequeñísimas, serpenteantes calles de Todi pero era sin duda, vale la pena. Nuestra habitación en el hotel (un convento convertido) era enorme y venía con un buen baño. Lo mejor de todo era la terraza preciosa con impresionantes vistas de al valle. El desayuno era básico (como nos pareció en todos los hoteles...
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