Riad pequeño y tranquilo, situado en el dédalo de las callejuelas de la Medina de Marrakech. Solo 4 habitaciones, muy bonitas. Samira y el resto de personal (Ihmad, Sara, Fatima) son muy amables, diligentes y atentas a cualquier necesidad, aunque es recomendable hablar francés. Trato familiar y personalizado, a nosotros nos "apadrinaron" a las dos niñas pequeñas y estaban pendientes...
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