Bella casa marroquí del siglo XIX, muy bien restaurada. Cinco cuartos suntuosos, muy cómodos. En plena medina rabatí, desde donde se puede pasear hacia la Alcazaba de los Udayas (afrancesado como Kasbah de los Oudayas) y por toda la medina. Desayuno magnífico y todo muy tranquilo. Nada de televisiones ni aparatos (aunque hay conexión wi-fi).
