Cuando llegué a Kyoto estaba lloviendo a mares, llegué al hotel calada hasta los huesos, igual mi maleta. La dueña me secó la maleta y me ayudó con la ropa mojada, con un humor tan similar al español como no he visto en todo Japón y con un inglés perfecto.
Durante las 4 noches que estuve allí me ayudó a...
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