Nos encantó. Buscábamos otro pero hemos de decir que tras mucho buscar, el mejor, con diferencia de la ciudad. Viajamos siguiendo la ruta 66 y llegamos agotados. Peter, el dueño, no descuenta ni un dólar, pero te ofrece un lugar lleno de encanto. Detalles retro, guiños a la ruta, un desayuno en platos de verdad, nada desechable, una piscina estupenda...
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