La zona del hotel/granja está bien reformada cuidando cada detalle. Los mejores recuerdos eran los detallitos de los jardines (arbustos de lavanda y romero por todos lados), de las habitaciones (nos esperaban en las camas bolsas de agua caliente, fuera hacía frío) y de la sala del desayuno (chimenea, pan y mermelada caseros, tapenade casero con el champán), así como...
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