Hotel acogedor en pleno casco antiguo.
Sólo dos pegas, no tiene ascensor ya que está situada en una finca antigua y Mucho ruído en la habitación, claro que era fin de semana y Baiona es conocida por su marcha nocturna.
El personal super agradable, se ofreció la recepcionista a subir nuestro equipaje, ella sóla hasta el ático, por supuesto nos negamos.
Me encantó el desayuno buffet, que por cierto no nos lo cobraron, todo un detalle después de 3 días de estancia.
La habitación super grande y el baño también, olía como a cerrada la buhardilla.
Por todo lo demás muy bien!
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