Llegamos a Lancaster desde Niágara en una de nuestras paradas de nuestra aventura americana en coche, sin saber qué esperar de este peculiar hotel. Cuando llegamos fue estupendo ver que nos ofrecían galletas y limonada helada gratis, lo que agradecimos mucho ya que hacía muchísimo calor. En la recepción encontramos unas chicas muy amables, siempre con una sonrisa y dispuestas... más
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