Las habitaciones del hotel estaban cascadas, de hecho necesitaban la ayuda voluntaria de los visitantes. Las puertas del patio estaban desencajadas; los pomos de la puerta del cuarto de baño colgaban; el poste de la bandera vibraba todo el día, etc. y por si fuera poco permitía llevar perros. ¡Uf!
En el comedor hacía calor y solía estar abarrotado. El...
Más
- Rica Brakanes Ulvik
