Nada que objetar en cuanto al marco, la verdad es que estaba espléndido, aunque supongo que el emplazamiento dentro de la ciudad amurallada ayudaba. Imperdonable que el maitre no hablara más que francés y un más que "justísimo" inglés que apenas se entendía. La cocina cabría calificarla de sencillamente correcta pero lejos de lo que cabría esperar de un restaurante...
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