El local es muy acojedor,se trata de una antigua nave del puerto fluvial. de Bremen. Es dificil resevar los fines de semana ,hay que ir y esperar,pero merece la pena,curiosa decoracion con grandes arañas de cristal (lamparas ),se hecha soo en falta una bodega algo mas completa,pero el resto es excelente,tanto en servicio como en presentacion de los platos
