No es barato, pero si se tiene en cuenta que uno se ahorra billete de avión a Tokyo, pues incluso da para un resopón. La verdad es que se les va la olla con los insistentes sabores asiáticos. El chef debe tener una novia japo y halla la solución facilona para una pretendida innovación, quereriendo sorprender con una machacona lluvia...
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