Me encanta ir de vez en cuando a este pequeño restaurante en la Calle Barbieri aunque no haya podido reservar mesa y deba cenar en el suelo entre almohadones.
Lo camareros y camareras son muy agradables, el ambiente te lleva a pensar que estás en una Haima en el desierto (salvando las distancias claro) y la comida y la bebida...
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