Nos recomendaron este restaurant, alegre cantina Italiana, colorida, con un animador, que nos hizo tocar las panderetas, y otros instrumentos, que fue muy divertido y autóctono, pero mi esposo pidió ñoquis: le trajeron ravioles, bastante insulsos, y eran 5 en el plato, el vino muy caro para la calidad, y un maitre que hace gala de un show aparte con...
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