Fuimos invitados mi familia y yo a cenar a este restaurante en las afueras de Milán. Desde el centro, se tarda un poquito en llegar, pero sin duda merece la pena.
El exterior es exquisito, sabiamente decorado con luces. Para entrar, parece que te diriges a una casa particular por la iluminación y lo pequeñito que es el camino. Nada...
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