Fuimos dos parejas con dos niños, comimos en la calle, pero lo realmente bonito es comer en el jardín interior. El restaurante es casi un museo y tiene piezas únicas. Su cocina fue excelente para nosotros, pedimos platos sencillos griegos y nos llevamos agradabilísimas sorpresas. Las salsas exquisitas, el servicio muy bueno y el postre genial. Pero lo mejor de...
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