Entramos sin ningun tipo de referencia y a pesar de la hora (3:30 de la tarde) nos atendieron muy amablemente. El lugar es un tanto sorprendente: terraza en la calle con mesitas y restaurante en el sotano, al que se accede por unas escaleras estrechas y una puerta minuscula. Pasada la primera impresión de extrañeza, resulta agradable. La comida es...
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