Llegamos tarde a la ciudad de Budapest y entramos famélicos a este restaurante. Nos recibieron a pesar de llegar a la hora en que acostumbraban a cerrar. El camarero fue un derroche de profesionalidad, atento y cercano pero sin molestar. La comida estaba bien presentada y servida y de buena calidad. En resumen, muy recomendable.
