Si uno busca buena atención, se equivoca de lugar, donde parece que la propina fuera una obligación del cliente y no un agradecimiento al trato y el servicio.
Los platos son abundantes, pero desprolijos, los baños diminutos y no muy aseados. La comida nada espectacular, aunque buena la mostaza, que sale del comun de Santiago que parece que fuese mermelada...
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