Es un restaurante muy elegante. Con nuestro aspecto de mochileros, y encima con niños, pensamos que no nos iban a dejar entrar. Lo hicimos y disfrutamos del mejor almuerzo que tuvimos en la semana que pasamos en Ecuador. Realmente espectacular. Vale absolutamente la pena. Y todo por mucho menos de la mitad que costaría un restaurante similar en el Perú.
