Está en el corazón del pueblo, frente a la rotonda, igual que la iglesia y el banco. Adentro hay atesoradas tantos recuerdos de la primera mitad del siglo pasado, que fue un simpático recuerdo de infancia. La comida es simple pero muy buena, e incluye algunas variedades del lugar. El pastel de lima es el mejor que probé en Florida!!!
