La ubicación es inmejorable, en plena Plaza Mayor donde está la estatua de Francisco Pizarro. Nada más sentarte sin tú decir nada nos pusieron un plato de embutido de lomo, una tortilla de patatas, vino, gaseosa y dos barras de pan. Imaginad nuestras caras. No había carta sino que un camarero te recitaba su menú de carrerilla y de memoria....
Más
