Un día cenamos tapas típicas de Canarias (papas con mojo, sepia, calamares, langostinos,...) y otro día comimos una paella marinera. Ambas experiencias fueron perfectas. El personal fue muy amable y en las dos ocasiones nos invitaron a chupitos de ron-miel. Está un poco alejado de la zona más turísitica, pero merece la pena pasarse por allí.
