Entramos a este lugar que de afuera no decía mucho, sólo para calentarnos el cuerpo tomando un café en un mediodía muy frio del diciembre neoyorkino. Realmente fue un hallazgo. Nos gustó tanto que nos quedamos a almorzar. Está ambientado como un bar irlandés, pasan muy buena música, videos con películas de Chaplin, mesas-pizarra en las que se puede escribir...
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