Llegamos en Arenzano al atardecer durante una tormenta. Estábamos frío, húmedo y muy hambriento después de pasar casi 9 horas en tren. Después de registrarnos en el hotel nos preguntábamos alrededor buscando un bodegón de los lugareños. Por pura suerte nos tropezamos con esta joya. El personal (sólo dos personas) fueron inmediatamente acogedor y muy paciente con nuestro pobre italiano....
Más
