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Comida Tipica

honduras
mensajes: 2
Comida Tipica

Hola quisiera saber sobre la comida típica en Costa Rica, que me recomiendan?

Hay algo que sea característico del país?

7 respuestas a este tema
San Jose, Costa Rica
Apasionado
de Costa Rica
mensajes: 39.163
1. Re: Comida Tipica

Un buen CASADO...es talvez el plato mas representativo de nuestro MENU!...Arroz blanco...con Frijole...y algo mas que puede ser, pescado, pollo, carne de res or cerdo, ensalada, etc...mucha gente come casados a diario...muy buenos y buen precio!

luis

Madrid
Apasionado
de Costa Rica, Islandia
mensajes: 661
opiniones: 145
2. Re: Comida Tipica

Habia otra comida tipica, no Luis? a nosotros nos contaron (y lo comprobamos mmm) que era la misma comida pero una iba todo revuelto y la otra iba por separado... ¿como se llamaba y cual es cada una? ay no me acuerdo!!!!....

Heredia, Costa Rica
mensajes: 604
opiniones: 16
3. Re: Comida Tipica

Efectivamente El Casado es lo más típico porque reune elementos típicos de nuestra dieta diaria, "casados" en un sólo plato. Definitivamente la base de nuestra alimentación es el arroz y los frijoles, incluso los ticos decimos cuando no tenemos plata que "aunque sea puro arroz y frijoles comemos", eso es básico, antiguamente se acompañaba de guineo (son como pequeños bananos de cáscara verde), que era fácil de encontrar en el campo y eran gratis, sólo se bajaban de la mata, tipo palmera. El guineo es riquísimo en hierro.

Pero bueno, a esos dos elementos, arroz y frijoles,s e le suman otros como un trozo de carne, de cualquier animal, normalmente, la oferta es cerdo, pollo, res o pescado. Adicionalmente se suman unos trozos de plátano frito (son como bananos de gran tamaño) y un picadillo de cualquier cosa (es una verdura o varias de ellas cortadas en cuadritos pequeños, como la zanahoria, la papa, la vainica, el chayote, en fin...) adicionalmente se agrega una ensalada que va desde la remolacha en picadillo aderezaada con mayonesa a unas rodajas de tomate y lechuga, en fin, la variedad es infinita. Nnormalmente el casado viene con un refresco natural de cualquier fruta de esas que sobran en este país.

Esa comida, el casado, es típica del almuerzo o la cena, pero hay una muy típica del desayuno, que es el Gallo Pinto, o simplemente "el pinto", o como le decía mi abuelo y que ya casi nadie le dice "la burra".

El Gallo pinto está compuesto de los mismos arroz y frijoles solo que se sirven revueltos entre ellos, generando un contrate entre blanco y negro o blanco y rojo, según el color del frijol, aunque los ticos preferimos el frijol negro, pero saben igual. EL pinto es aderezado con algunas salsas y se le agraga más condimentos como cebolla, ajo, chile dulce (no pica) y al final se le pone crudo el culantro (cilantro). EL asunto es que el sabor es radicalmente diferente al arroz y los frijoles del almuerzo, ya verán. a Esto se le puede agregar lo que sea, lo más típico es agregarle unos huevos al gusto, a veces natilla o un trozo de queso blanco, hay queines cambia los huevos por carne en salsa un trozo de salchichón y hasta plátano maduro. Pero de que sabe maravilloso el Gallo Pinto no lo duden, por capacidad estomacal yo casi siempre sólo lo acompaño con huevos, depende del hambre de cada quien.

Pero dentro de la gastronomía tica hay un mar infinito de opciones. Por ejemplo los picadillos solos podrían ser más que suficientes, son muy típicos los de papa y arracache. La papa ya la conocen, la preparan normalmente con algo de carne de res, el arracache es un tubérculo, una raíz que requiere más preparación pero sabe espectacular, la idea es comerlo puesto sobre una tortilla de maíz.. Todo aquello que se coma sobre una tortilla de maíz se le conoce acá como "un gallo", "comerse un gallito". En México se le conoce como taco.

Otra opción fantástica es la Olla de Carne, que consiste en poner por varias horas una sopa en el fuego, con carne de res siempre y con verduras, las que no pueden faltar son el camote, la yuca, la papa, el ayote, el chayote y el elote, ahay quienes incluyen tacacos o pejibayes, pero el promedio son esos que cité. Cuando alguien pide una olla de carne le dan una taza o tazón con esa sustancia que si está bien hecha sabe a gloria, según el sitio te dan un plato adicional con esas verduras que cité y la carne o bien te ponen todo dentro de la taza de sustancia, en realidad yo lo prefiero fuera pues es más fácil irlo comiendo que andar buceándolo en la sustancia. Adicionalmente te dan un plato de arroz, sería un desperdicio no echar unas cucharadas de arroz a la sustancia y luego comerlos bien mojados en la sustancia,mmmmm.

También hay otras comidas muy típicas, ahora se da menos, pero es muy común que cuando hay alguna celebración como un cumpleaños, rezo, bautizo, matrimonio, etc se prepare un arroz con pollo, que consiste en arroz revuelto con trozos de pollo desmenuzado, es típico que veanga acompañado de frijoles molidos, ensalada "rusa (remolacha, huevo duro y mayonesa) o de caracolitos (pasta en forma de concha, con atún y mayonesa) además de papas tostadas.

También hay una comida deliciosa, que nos representa a lso ticos, que se come tanto como comida formal como para acompañar el café de la mañana o de la tarde, pero que es más fácil de ver en Navidad, auqnue pdorán encontrarlo todo el año donde lo pidan: El tamal. Es una masa de maíz y papa, a la que se le pone verduras y un trozo de carne de cerdo, luego se envuelve en hojas de mata de plátano y se cocinan, luego quedan de forma consistente, como una almohada pequeña y se come con tenedor. Les recomiendo acompañarla con un café, sabe a Paraíso, o bien con un agua dulce, que es otra bebida muy típica, es caliente, consiste en poner a deshacer el dulce que se extrae de la caña de azúcar, es de color café, viene en forma compacta aunque ahora se puede comprar rayado en el supermercado como "Dulce", se le echa agua caliente y listo es delicioso.

Eso es lo más típico pero la lista sigue, también en Guanacaste hay comidas diferentes, como el arroz de maíz, que es arroz con maíz, cuajadas y otras cosas, parte del ese lugar. También en el caribe la gastronomía varía mucho, basada principalmente en leche de coco, le echan este producto a casi tod entonces el sabor es diferente. Por ejemplo el Rice and Beans, es arroz y frijoles revueltos, pero la leche de coco le da otro sabor inigualable, el rondón es una sopa de pescado que levanta a cualquier muerto, en fin. Les recomiendo probar la comida caribeña, la comida guanacasteca es casi la misma que se come en todo el país, pero si van a Guanacaste, donde hay muchas playas hermosas traten de ir a Santa Cruz o Nicoya, dos pueblos bellísimos donde podrán buscar comida más autóctona de ellos, busque algún lugar donde se hagan torillas con queso, podrán ver a las señoras palmear la masa hasta covertirla en una enorme tortilla y luego cocinarla en un horno de barro, no se lo pierdan.

Heredia, Costa Rica
mensajes: 604
opiniones: 16
4. Re: Comida Tipica

Hola "dondemelleveelviento", te adjunto un cuesto corto relacionado con la gastronomía nacional, particularmente con el Gallo Pinto:

La Finca de los Nísperos

Llegaron temprano, apenas eran las seis y diez de la mañana cuando a los 200 metros Sebas logró ver el carro en el que venía su hija, sus nietos y el bonachón de su yerno. Siempre lo dice y lo mantiene: aquel Bernal tenía que ser un buen hombre para soportar el carácter de su hija, que era un huracán en pleno océano cuando se le metían las cabras, según dichos de su padre.

Por lo general aquella bella joven, de edad media, con dos hijos paridos, era un sol de primavera. Ese día salieron de su casa desde las cinco de la mañana. Cuando visitaba a sus padres Juliana debía levantarse bien temprano, porque desde media madrugada sus hijos estaban bañados y listos para el viaje.

Aquellos pequeños de ocho y cinco años adoraban visitar a sus abuelos, aunque fuera una vez al mes, porque se transportaban a un mundo nuevo, lleno de árboles, ríos, bananos, cabras, muchas gallinas y hasta cerdos que más de una vez terminaron en el portaequipajes del carro como mascotas. En su casa, en Santo Domingo de Heredia, quedaba el game boy y el play station y no por imposición de Juliana o de su esposo, sino porque no les hacía falta.

-Ahí vienen, Fernanda, condenados chiquillos se vienen asomando por la ventana. Mirálos, mirálos, sacando la mano.

-Saludalos, aguado.

-Pero es que siempre le digo a Julita que no los deje desamarrados en el carro.

-Tranquilo, ella los suelta ahí no más, apenas entran a la callecilla, no seas tan estresado.

Aquel par de viejos tenían las comodidades que nunca tuvieron de jóvenes, mientras criaban a sus hijos, y consideraban que eran muchas cosas para dos ancianos, pero igual las disfrutaban. Pese a la tecnología, lo que siempre hacía Fernanda cuando venían sus hijos, era encender el fogón, que estaba bajo techo a unos cuantos metros de la casa, en medio de la espesura de aquella finca que los cobijaba y les permitía vivir en una paz envidiable.

Los viejos ya sabían que sus nietos madrugadores harían llegar a sus padres muy temprano, apenas para el desayuno; el fuego estaba bien atizado y la masa de las tortillas esperaba a sus devoradores, el arroz estuvo 10 minutos antes porque Fernanda había olvidado hacerlo el día anterior, pero la frescura de aquel cereal, esperaba ella, no iba a echar a perder el buen Gallo Pinto que sólo Sebas sabía hacer, por receta oculta y heredada de su abuelo.

- Abu, ahora sí traje mis flotadores, para meterme en el río.

-Cómo están mi muñecos- Replicó la abuela.

Sebastián saludó con afecto a su familia que con gusto y puntualidad los visitaba al menos una vez al mes, cuando no dos o tres veces. La segunda sentencia de aquellos pequeños fue que querían desayunar porque estaban muertos de hambre.

-Es que mami no nos dio nada de comer, dijo que nos hacía malo comer tan temprano.

-Su mamá lo que tiene es que es una conchuda, seguro le daba pereza cocinar- Bromeó Fernanda.

El chile dulce estaba listo junto con la cebolla y con el fuego alto en el momento justo de caer al comal, el olor mezclado de aquellas especies alborotaron más el apetito de los comensales; el nieto menor quiso acercarse al fuego para observar, pero los adultos lo detuvieron, podría ser peligroso cualquier gotita de aceite caliente que saltará de aquel maravilloso aparato, formado por unos bloques de ladrillo y una parrilla improvisada. El olor de las especies y el hipnotizante baile de las llamas eran la primera aventura presencial de aquellos pequeños, cada vez que aterrizaban donde sus abuelitos.

Sofritos el chile dulce y la cebolla se sumó al candente encuentro el arroz y los frijoles que poco a poco, con la mano artística de Sebas, se fue convirtiendo en una obra de arte pintoresca, donde el color y el olor competían por la atención de los espectadores mientras sus hieles querían reventar. Fue necesario, como siempre, calmar las ansias con las primeras tortillas que Fernanda ya iba sacando del fuego, sus nietos se las comían así no más, pero su hija, Juliana, no permitía que aquella plasta de masa no viniera embarrada de un poco de manteca y sal.

-Falta poquito, no se llenen la panza de masa, como los pericos, dejen campito pa la burra- los sentenció el abuelo y padre.

Pero aquella advertencia era inútil e innecesaria, las visitas comerían tantas tortillas como fueran necesarias, mientras les servían el pinto –o burra como lo llamaba Sebas- e igual iban a devorar su ración de arroz y frijoles.

La salsa inglesa hizo su entrada triunfal al comal multicolor y poco a poco se acercaba la hora de convertir aquel platillo en el compañero ideal de unos huevos –fritos, pateados o en torta, según las exigencias de los clientes- de un quesito tierno y hasta de unos maduros, estos últimos de particular sugerencia de Bernal.

-Era igual hace muchos años- comentaba con nostalgia Sebas, mientras cortaba su frase, se ponía melancólico y seguía comiendo, ahora con la mirada perdida, al tiempo que su hija y esposa escuchaban en sus cabezas aquella historia ya contada, pero que había que repetir para sentirla, mientras disfrutaban aquel desayuno.

El abuelo de Sebas, Benjamín, pasó por la casa de su hijo Ernesto, para contarles que se iba sólo para los cerros de Monteverde, donde habían varios americanos que ya habían abierto una trocha y que querían que les cuidara un ganado.

-Cómo decirle, no es mucho lo que me pagan, pero puedo estar ahí con la viejilla sin pagar casi nada y solo tengo que vigilar que el ganao no se salga y ordeñarlo. Vos sabés que ya a cierta edá hay que buscar el acomodo, algo así como pensionarse.

A Ernesto la idea no le agradó pero eso no importaba pues su padre ya había tomado una decisión y doña Catalina iría donde estuviera su marido. Sebas fue quizás el que más resintió la ida de su abuelo que vivía apenas a 200 metros de distancia y de donde no salía cada vez que lo veía regresar del jornal. María de Los Ángeles, Sara y Pablo, sus hermanos, sí visitaban más a su abuela, pero Sebas prefería esperar a su alcahuete abuelo.

Las experiencias, en solitario, del menor de los hijos de Ernesto, con su abuela, no habían sido precisamente las mejores, menos aquellas vinculadas con la alimentación. Algunas veces, el pequeño que ya rondaba los 7 años, cometió el error de irse para la poza y cuando lo atacaba el hambre le era más cómodo pasar por “un gallo” donde la abuela Cata, que ir donde la abuela Sara o a su propia casa, principalmente por un asunto de cercanía.

Sin embargo, el cálculo interesado de aquel mocoso no era precisamente el mejor, más cuando dentro de sus gustos paladares no se encontraba el apego a la sopa de mondongo. Desde que su tío Marco Vinicio le contó que el mondongo era el culo de la vaca, el apetito de Sebas por aquel platillo murió. Sin embargo, una vez puestos los pies en casa de la abuela Cata no había retorno, no se podía salir sin algo en el estómago y cuando tocaba mondongo, doña Cata se sentaba con Sebas y le metía a la fuerza “sólo una cucharadita más” de aquella sopa.

Los siguientes días Sebas no pasaba por donde su abuela, primero por el temor a una nueva dosis de aquel suplicio lleno de boñiga, según decía, sino porque pasaba bien enfermo y hasta en cama. Algo que su madre, Isabel, nunca reclamó a la suegra porque consideraba que los niños no debían ser tan milindres, aunque ella sí le hacía una comida diferente a su cumiche cuando la receta del día era culo de vaca.

Su abuela le servía siempre un rico plato de arroz con frijoles; éstos últimos siempre se quedaban porque Sebas tampoco comía aquella leguminosa. Ese niño tampoco comió pescado entre los 7 y los 14 años, pero en este caso por una experiencia más que aterradora.

-No, si es que es más delicuitas que una cría de chompipes, va a tener que ponerse a trabajar para que tenga mucha plata porque de pobre se muere de hambre- Sentenciaba aquella abuela majadera, según criterio de su víctima.

Aquel día, junto al arroz siempre bien recibido por Sebas y los frijoles despreciados, se había sumado un rico pescado. Por instrucción de su madre aquel mocoso siempre preguntaba si el pescado tenía espinas, por alguna razón ese día su abuela le respondió que no, más pensando en otra cosa que porque le haya prestado atención a su nieto que pecaba de jodión. Confiado, el niño engulló el pescado para regresar a la poza lo antes posible y en ese preciso momento sintió la punzada, justo en medio de la garganta.

Sebas se quedó inmóvil con ojos de huevo frito, mientras su abuela venía a revisar los platos de otras nietas que estaban en la mesa. A la señora le extrañó mucho que aquel demonio estuviera tan tranquilo, las sospechas se convirtieron en temor cuando comenzó a ver el color morado que empezaba a envolver al niño. Enseguida iniciaron los golpes sin sentido por la espalda que por lo menos sacaron de su susto y letargo al asfixiado Sebas, el pequeño comenzó a toser más por instinto que por que de verdad escuchara las atropelladas instrucciones de su abuela.

Por suerte su hijo Ramiro llegaba en ese momento y tomó al morado y escuálido niño por lo pies hasta que lo puso de cabeza mientras su abuela le metía las manos hasta la laringe. Dos centímetros midió aquella espina y por más de dos meses Sebas pudo escoger la comida en casa de Catalina, aprovechando un sentimiento de culpa de su abuela.

Pasado ese tiempo las complacencias de la señora y las manipulaciones del pequeño acabaron no por acción de ninguno de los dos, sino porque doña Cata y su esposo se fueron para Monteverde y aquella casa quedó en manos de su tío Ramiro y su esposa que no eran tan pacientes con su sobrino.

Si bien Ramiro era un buen hombre y hasta le salvó la vida a su sobrino cuando la espina quiso jugarle una mala pasada, lo cierto es que ese tío en particular no tenía mucha devoción por ese mocoso, principalmente por estar tan fresca una no muy grata anécdota ocurrida 10 meses atrás, en su matrimonio.

Con mucho esfuerzo, Ramiro viajo hasta San José con su mamá y su prometida, a comprar varias cosas para una boda discreta, pero de buen nivel para el pueblito en el que vivían. El sueño de Ramiro era llevar un licor muy especial para el brindis y el prestigio del guaro Cacique, que además era producido en Grecia, con caña nacional, le pareció una excelente opción. El precio sólo le permitió adquirir una botella y como su padre no daba dinero para licor, se tuvo que conformar con esos 750 mililitros.

El tío de Sebas no podía quedarse atrás, luego que para el bautizo de su sobrino, el hijo de su hermana Raquel, se había repartido Cacique.

La botella que se usó en aquel bautizo estaba debajo del camastro de Ramiro, pues tanto admiraba aquel licor que se la pidió de regalo a su hermana. Un día, mientras Sebas jugaba a las escondidas, en la casa de sus abuelos, encontró la botella vacía que conservaba algún olor muy típico en algunos de sus tíos por las tardes. Al regresar Ramiro y sin fijarse, colocó la botella llena debajo de la cama, para que le hiciera compañía al envase vacío.

Dos días después Sebas se volvió a esconder en el mismo lugar llevándose la sorpresa que ahora eran dos las botellas.

Pues sí, diay, me llamó más la atención la que estaba llena y donde la abrí pensé que era agua, aunque olía feo, probé un poquito y casi me vomito, me quemé toda la jeta. Entonces lo que hice fue vaciar todo ahí mismo, como era piso e` tierra y estábamos en verano rapidito lo chupó todo. Lo que hice fue llenarla de agua y taparla. La sorpresa fue cuando en el matrimonio hicieron brindis y diay, donde abrieron la botella ya el agua se había puesto mala y estaba hedionda. La cosa es que no sé cuál cara hice, pero todo el mundo se dio cuenta que había sido yo.

En eso mi papá me iba a pegar delante de todo mundo, pero mi abuelo se metió y dijo que no me pegaran, que preguntara por qué yo me había jalado esa torta y me cerró el ojo. Yo la agarré en el aire y dije que lo había hecho porque no quería que la gente tomara licor, porque era malo para la salú.

Todo el mundo hizo un gesto de ternura, le sonrieron al niño y lo tomaron de ejemplo de lo que se debe hacer. No recibió castigo y por el contrario fue el alma y el centro de la fiesta. Ambas situaciones, el desperdicio del licor y que tanto él como su esposa pasaran a un tercer plano, influyó en la relación de niño y adulto a futuro, aunque en el momento justo aquel tío que siempre tenía un mal gesto para su sobrino, le salvó la vida.

Juliana trató de hacer volver a su padre de su ensimismamiento, lo llamó dos veces hasta que Sebastián esbozó una sonrisa y contó de nuevo que meses después de que sus abuelos se fueron para Monteverde sus papás fueron a visitarlos a la montaña y los llevaron a ellos.

No sé si sería por la edá que tenía uno o porque de verdá la trocha por la que había que pasar era tan peligrosa que cuando llegamos a la finca de los nísperos, donde vivían mis abuelos, como a las 3 de la tarde, y vimos a los viejillos esperándonos en la puerta de la casita sólo quise salir a abrazarlos.

La casita era muy pobre y más pequeña que la que tenían, las ventanas no son como éstas, con vidrios, no, eran un güeco con puertas de maderas, con ventanas de madera. Apenas llegamos sin mojarnos y como a los cinco minutos comenzó el aguacero, hacía mucho frío y como mi abuela estaba medio chueca entonces el abuelo nos hizo cafecito y unos güevitos pateados, porque el pinto ya estaba hecho, sólo había que calentarlo. Así me quedé como una hora, viendo por la ventana llover mientras me comía los gallos de güevo, la mejor comida de toda la vida…

Sebas terminó recordando con un nudo en la garganta que luego de la lluvia y con apenas un poco de luz, él y todos sus hermanos salieron a sacar de la boñiga los nísperos que el fuerte aguacero había hecho caer de los árboles, lo que rompió la melancolía del momento con exclamaciones de asco de sus dos nietos, seguidas de carcajadas y burlas.

Madrid
Apasionado
de Costa Rica, Islandia
mensajes: 661
opiniones: 145
5. Re: Comida Tipica

Gallo Pinto!! eso!!

honduras
mensajes: 2
6. Re: Comida Tipica

muchisimas gracias todos! Tengo demasiadas ansias de conocer vuestro pais!!

Liberia, Costa Rica
mensajes: 785
opiniones: 22
7. Re: Comida Tipica

Una corrección si me lo permite, ticocostarrica, el arroz de maíz de Guanacaste no es una mezcla de arroz con maíz. Existe un plato llamado arroz guacho, el cual es un arroz preparado con pollo o cerdo, muy bien condimentado, con la consistencia de una sopa muy espesa. El arroz de maíz es prácticamente lo mismo, pero se prepara con maíz quebrado. El nombre ·arroz de maíz" viene de su parecido con el arroz guacho.

Otras comidas de la zona son el vigorón (lo comparimos con Nicaragua) el cual consiste en chicharrón de cerdo, ensalada de repollo, chimichurri (pico'e gallo) y yuca. También es típica la "gallina criolla", gallinas criadas en los patios de las casas que se preparan en horno de barro. Las carnes de cerdo y res son muy importantes en la dieta de la región y se les prepara de muchas maneras, aunque la parrila prevalece sin duda. Dentro de los acompañamientos típicos tenemos la tortilla de maíz, la cual se prepara en forma distinta al resto del país, ya que son mucho más grnades y gruesas. Otro típico acompañamientos (infaltable para el arroz de maíz y el arroz guacho) es el "cuadrado", especie local de guineo (plátano pequeño),

Las bedidas típicas incluyen la chicha y el chicheme, ambos fermentados de maíz, el coyol, savia de una palmera que, dependiendo de su grado de fermentación puede pasar de ser totalmente inofensivo a causar una casi mortal borrachera que dura hasta una semana, la resbaladera y la horchata, ambas preparadas con leche y arroz, el pinolillo, también típico de Nicaragua y algunas otras más locales. Por acá te esperamos

Saludos

Editado: 25 mayo 2010, 16:29
Respuesta para: Comida Tipica
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