Sensacional. Ubicación excelente: a unos 25 minutos andando hasta Mont St.
Michel ( lo que permite ir andando evitando los agobios del tráfico)y en todo caso al lado del parking donde forzosamente hay que dejar el coche cuando sube la marea. Ofrece un desayuno exquisito a base de mermeladas caseras insuperables, y la habitación era amplia y muy limpia con vistas al Mont Saint Michel. A ello se añade una amabilida exquisita y una disponibilidad total por parte de la propietaria. Claudine , y su esposo, para ayudar dando las indicaciones que pidáis sobre la zona. Consejo: no perderse un paseo con guia (es obligatorio) por la bahía con la marea baja. Un once sobre diez.
