Un encantador (ja ja ja) asesor de hotelsbooked.com nos vendió unas tranquilas vacaciones de 7 días en un hotel de 5 estrellas.
Hecho lo cual, nos envió documentación del hotel erróneo, se equivocó al deletrear el nombre, al asignarnos el régimen de comidas... Mmm... Tal vez todo fuese una señal. Tres días antes todo se pudo corregir, justo a tiempo para disfrutar de lo que prometían ser unas fantásticas minivacaciones.
Pero atención: este hotel está muy aislado, necesitarás coche o bien los arrestos necesarios para subirte al autobús local, de 40 años de antigüedad y esperar que no te deje tirado a medio camino, en las empinadas montañas y angostos túneles.
El telón de fondo del hotel es una montaña escarpada, sombría y siniestra... ¡Sería preciosa si no bloquease la luz del sol ni te aislase del resto de la humanidad! La luz pasa con dificultad por la mañana y a mediodía ya predomina la oscuridad. Momento en el que, qué curiosa coincidencia, se abre el bar (todo incluido), siempre que puedas encontrar al camarero de barra, claro, y que puedas enfrentarte a su desafiante mirada para que te sirva una gota de cerveza local, algo de vino o una selección minimalista de licores por un "precio inteligente".
La comida... El desayuno es, por decir algo, de lo más pobre. Aunque el café y los panecillos parecían recién hechos. La comida y la cena son de bufet, ¡nada de a la carta!
Bueno; la sopa (la mayoría de las noches, de verduras) sabía siempre igual, solo variaba el color... Dependía de la cena del día anterior, no sé si entendéis lo que quiero decir... Te encantará si te gustan las sopas de sobre, la pasta demasado hecha o las patatas y el arroz pasados...
¡Puedes tomarte las cantidades de arroz que quieras en cada comida! El pescado y la carne eran normalitos (un poco de imaginación les hubiese venido tan bien, un poquito de salsa o de especias). El servicio en el Estalagem Do Mar era bastante variable. El personal de recepción era encantador, eficiente y se esforzaba por ayudar, como el atento conductor del minibús... ¡La verdad es que este hombre era el mejor de todos! ¡Deberían nombrarle director! Los empleados del bar eran de lo peor; no te dedicaban ni una sonrisa, ¡parecía que no querían servirte las copas y solo servían hasta las 22.00! ¡Atención!
Este hotel tiene mucho que aprender sobre lo que es la hospitalidad. La actitud que les dispensa a los huéspedes que lo tienen todo incluido es de lo más vergonzosa. Parece que este hotel se ha quedado anclado en el pasado, aunque tiene mucho potencial. Las habitaciones son sencillas pero están limpias. La nuestra era preciosa, muy tranquila. Estaba justo al borde del mar.