Acabo de estar en el Hotel San Felipe El Real y no tengo palabras para describir lo maravillosa que fue la experiencia.
Hablamos de un hotel boutique de 6 habitaciones, decoradas cada una de forma especial y distinta, realzando el valor arquitectónico del inmueble.
El servicio es muy familiar, te tratan mejor que en casa!!!
Lo más emblemático de la estancia, fue que llegamos del Chepe(tren) a las 11 de la noche un 31 de diciembre, sí era fin de año y no teníamos plan. Previniendo, compramos unas gorditas en la parada que hace el tren en Divisadero, pero cuando llegamos al hotel ¡SoRpReSa! había cena!!! y nuestros lugares estaban esperándonos.
La velada fue muy buena, en compañía de todos los huéspedes así como de Santiago y Wendy, que nos hicieron una cena deliciosa.
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