Situado en una aldea encantadora temíamos que el hotel no estuviera a la altura de su entorno , pues el lugar es maraviloso, paisaje, tranquilidad........en fin lo que buscábamos, pero nuestros temores pronto se disiparon , primero con la acogida de los propieterios, atentísimos, sin ser empalagosos y más tarde al entrar en la habitación, decoración rústica, pero con todos los elementos modernos que le dan confort y ¡ elegancia ! ( que raro encontrarla hoy día en este tipo de etablecimientos ).
Al día siguiente nos sorprendieron con un bizcocho casero exquisito en el desayuno de la terraza , desde donde ¡ vimos dos corzos !
Todo está a un paso ,río, playa, monte.....una pega : no sirven cenas, auque hay restaurantes a 1 Km.
