Estuvimos 15 amigos en el Ekoin una noche, justo antes de comenzar nuestra peregrinación desde Koyasan hasta Hongu.
El templo, como toda la ciudad, es espectacular, y dormir en este o en otro templo similar es algo que cualquier persona que se acerque a Koyasan debería hacer.
Nos gustaron mucho las habitaciones y aunque durante la noche refrescó un poco, teníamos unas estufas que enseguida las calentaban.
Ya de noche, después de cenar, nos ofrecieron un paseo guiado por el cementerio de Okunoin (previo pago de 6000 yenes por todos) y la verdad es que mereció la pena, aunque tuvimos que traducir del inglés , pero al monje que nos acompañó con una gran linterna se le entendía bastante bien.
Nosotros nos adaptamos en general bastante bien a la comida durante todos los días que pasamos en Japón, pero la del Ekoin no nos gustó y no porque fuera vegetariana sino porque la encontramos con muy poco sabor y elaboración, como prefabricada.
El desayuno quedó prácticamente entero, pues no nos entraba nada de lo que nos pusieron y teníamos unos supermercados muy cerca donde nos apañamos con yogures, fruta y pan.
La primera ceremonia, a las seis de la mañana, era como una especie de rosario. Fue curiosa, pero la del Fuego, a continuación, resultó más espectacular.
Los baños, fuera de las habitaciones, estaban por lo general bastante limpios, pero algunos olían un poco mal quizá por algún problema de cañerías.
