Es el lugar ideal para serenarse y disfrutar de la naturaleza (montaña y mar) en un ambiente cálido y acogedor. El enclave de la casa dentro de las montañas y su cercanía al mar lo convierten, para mí, en un lugar mágico donde poder disfrutar lo mejor de los dos mundos. La atención de sus propietarias, incluída la comida, sanita, casera y super sabrosa, me hicieron sentir en casa. El comedor es un sitio estupendo, espacioso y al aire libre y la limpieza y el orden reinan en toda la posada. Lo único que agregaría, para darle un poco más de confort a las habitaciones y cubrir los gustos de todos los huespedes, sería: cortinas dobles en las ventanas (a fin de poder disfrutar de mucha oscuridad o mucha claridad, según se prefiera) y de colores claros (para dar más luz al espacio), más luz artificial, tanto en el techo como en las mesitas de noche de la habitación, una TV más grande que se pueda disfrutar mejor a distancia (desde la cabecera de la cama) y algunos objetos decorativos que le aporten algo de gracia a las habitaciones sin romper con la sencillez y sobriedad que caracterizan a la posada.
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