¡La verdad es que eso de estar un día en un sitio y al día siguiente, en otro, es una pasada! Un día estoy en mi casa navegando por la red en busca de nuevos amigos en España y al día siguiente me veo situado en el marco más espléndido posible... Amanda posee esa rara facultad que hace que te parezca que la conoces desde hace años. Es una auténtica camaleona social que lograría que tanto un rey como un mendigo se sintiesen a gusto. La verdad es que me ayudó tener cosas en común, cosa que me emocionó mucho. Me fascina la espiritualidad y el amor por las cosas naturales y auténticas, en contraposición al consumismo y al oportunismo actual. Ambos queríamos probar otro modo de vida porque el actual es muy hueco y debía haber otra realidad. Ella estaba viviendo su sueño. No le ha resultado fácil (tampoco debe serlo); tiene que trabajar duro, reforzar sus contactos (e internet es una herramienta maravillosa para lograrlo) y poco a poco ganarse a las gentes del lugar, que acabaron sucumbiendo a su encanto y entusiasmo. ¡Yo soy un cobarde! Desde entonces he estado en España, en una parte que se parece a Blackpool, y he intentado aprender poco a poco las costumbres españolas (de los ingleses, cosa que tiene muy poco sentido, como he acabado dándome cuenta). De ahí que todavía sienta más admiración por una mujer, madre soltera, trabajadora, que halla el lugar más tranquilo del mundo, alejado del bullicio de la ciudad y que se lanza a la aventura para disfrutar de una vida que uno solo imagina hallar en las revistas. El trayecto en coche hasta el pueblo fue espectacular. Las colinas, lagos y paisajes configuran un marco que solo espera encontrarse en la revista National Geographic. Tanta belleza parece casi irreal.
A medida que pasas por los pueblos y ves a los habitantes puedes sentir la tranquilidad del lugar. Se palpa, por ejemplo, en la presencia de hombres con sus boinas que, sentados, hablan de política o del precio de la mercadería. En los jóvenes que no necesitan de programas de telerrealidad, de alcohol o de violencia de bandas y que esperan, inocentes, poder mudarse pronto a ciudades mayores. En las vacas que pastan tranquilas, más grandes que las de mi país, que pastan y caminan muy despacio. Se palpa en las noches, en los cielos oscuros carentes de polución humana, en el sonido de la cigarra y de otros insectos que pueblan la tierra. El hogar de Amanda es una mezcla hogareña y estilosa. Este histórico edificio consta de un interior rústico pero con un toque lujoso. Da la sensación de ser majestuoso y, a la vez, atractivo. Me alojé en una habitación que tenía cama con dosel y me sentí como en casa. La gente del local acostumbrada ya a los extranjeros (yo creo que por el tacto que tiene Amanda) es acogedora y sonríe ante el intento de hablar un poco en español. No hay que olvidar que no es un destino turístico... Benidorm o algo así. Se trata de la España más rural, auténtica. Hay muchas cosas que admirar: las vistas de los antiguos edificios y las ruinas, los pintorescos pueblos, los restaurantes que sirven auténticos platos del lugar y excelentes verduras de la zona (¡no hay supermercados cerca!)
Acudí a un mercado local, donde pude mezclarme con personajes locales que vendían mermeladas y joyas locales. En las paradas se respiraba un ambiente vivo y excitante. La experiencia fue buenísima, nada que ver con ir de compras en mi país, se trataba de un placer sencillo y lleno de vida.
Sentí que estaba en el cielo durante todas mis vacaciones.
Tres palabras para resumir la experiencia: De otro mundo...
