Mi marido tuvo que ir a las Bermudas por un asunto de negocios y decidí acompañarle. Ya había estado antes en la isla y sabía lo bonita, limpia y SEGURA que era por lo que no tuve ningún problema a la hora de pasar algún tiempo sola visitando la isla mientras él estaba en reuniones. Quedé un poco decepcionada- en un primer momento -con la selección de hotel pero dado que no pagábamos nada por él pensé que me acostumbraría. Para empezar, llegamos tarde y la persona que nos hizo los trámites de ingreso no podía haber sido más agradable. Lo hizo todo rápida y cálidamente. Nuestra habitación era muy espaciosa y tenía una nevera, microondas y cafetera. Nada lujoso-todo era normal y confortable. El balcón estaba literalmente a un paso del agua y podías ver incluso los peces. Las vistas de la Bahía son de las que te quitan el aliento. ¿Lo mejor del hotel? ¡estás a pocos pasos del ferry y el hotel tiene unos bonos que añaden convenientemente al precio de la habitación! Así que mi marido se levantaba pronto y en segundos estaba en la parada del ferry. Yo me levantaba más tarde, me preparaba y cogía el ferry para ir a Hamilton de compras. Nuestro teléfono móvil tenía cobertura en la isla por lo que quedábamos a una hora para vernos. ¡¡No tengo palabras para explicar lo maravilloso y conveniente que era tener el ferry JUSTO AL LADO DEL HOTEL!! Cosas que hay que saber: no hay nada, absolutamente nada que hacer en el hotel aparte de mirar la preciosa vista. No quería arriesgarme merodeando por ahí (porque hay apenas espacio para los coches-imagínate para los peatones) así que gracias a Dios por tener el ferry. Para ir a comer tienes que coger el ferry o un taxi para ir a los restaurantes. El desayuno continental era más bien decepcionante. Puede que al ser norteamericanos estamos obsesionados con lo frío pero en este desayuno dejaban los yogures, la crema de queso y la leche fuera toda la mañana. A las nueve de la mañana hacía calor y no había aire acondicionado en el vestíbulo. No hacía mucho calor, pero había que tener en cuenta que tampoco había aire acondicionado. La crema de queso NUNCA la sacaron las tres mañanas que estuvimos ahí. Por curiosidad abrí la tapa y lo que vi dentro era estremecedor. El resultado fue cereales y yogures sin enfriar (se los llevaban a las 10 de la mañana para volverlos a poner a la mañana siguiente), pan (sólo estaban envueltos unos daneses que se suponía que debía comerme además de cereal seco), mantequilla de cacahuate, y jamones que una vez más los dejaron fuera 24 horas los 7 siete días de la semana. La cafetera era genial. El personal era MUY AGRADABLE. Nos dieron un paraguas cuando llovía, toallas de playa para llevarnos a Horseshoe Beach, buenos consejos sobre restaurantes, y siempre tan increíblemente amables. Si andas buscando pasártelo en grande en las Bermudas sin gastarte centenares de dólares en un hotel, prueba aquí... ¡yo quedé realmente gratamente sorprendida!
- The Wharf Executive Hotel
