La Habana es una ciudad difìcil, multifacetica, con dichas y dolores por el dolor ajeno. Historia!, bellezas, contrastes, contradiccciones. Turismo y miseria conviven en cada cuadra, en todo momento.
Interesante, pero al final del dìa es importante llegar a un lugar que ayude a relajarse y digerir emociones intensas.
Para nosotros el Mercure Sevilla no terminò de cumplir esa funciòn, una bellìsima construcciòn colonial, con un servicio regular, personal algo hastiado, sin demasiado entusiasmo por atender, desprolijidades en el buffete, un ascensor en el que quedè encerraeda junto a otras dos personas y tras tocar diez minutos la alarma nadie apareciò.Por algùn motivo las puertas se abrieron solas tras ese lapso de tiempo. Los siguientes tres dias, hasta que dejamos el hotel, ese ascensor estuvo fuera de funcionamiento, manejàndonos todos con un solo ascensor que quedò en servicio. El mismo tenìa cancelado el botòn de alarma, que se mantenìa permanentemente encendido pero sin sonar.
Solo quedaba encomendarse a los dioses cada vez que se utilizaba el ascensor.
El 9ª piso una maravilla arquitectònica y un verdadero mirador de la ciudad.
El Show de los dìas viernes, excelente, un mini Tropicana, a un precio realmente accesible.
La zona impecable, solo superada por los hoteles que quedan frente a la plaza.
Las construcciones coloniales una joya. El Museo de Arte Cubano imperdible.
Una ciudad para disfrutar y cuidarse del asedio por la calle, asedio casi siempre inofensivo, y otras veces no tanto.
Es preferible si se puede ir a La Habana antes de viajar a los Cayos, de lo contrario el contraste entre el relax con el que se llega a La Habana y el estado de alerta con el que hay que moverse en esta ciudad, son un esfuerzo y choque muy grandes.
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