Todas las expectativas que nos creamos cuando leíamos las críticas de esta casa, se cumplieron con creces al vivir en ella, porque realmente eso es lo que se siente: vivir, no estar simplemente, comenzando por la acogida que nos dieron al llegar Pepe y de Ana, teniendo en cuenta que llovía torrencialmente y precisamente esa circunstancia no favorecía mucho nuestra llegada a Cuba, pero ese calor que sentimos, ese cariño sin conocernos aún, hizo que pareciera que nos conociéramos de toda la vida, y todo ello siguió cada día que pasamos en esa casa, cada día era una alegría levantarnos y encontrarnos con un desayuno maravilloso (cómo lo echo de menos¡¡) atendidas por Digna y su compañera (siento no acordarme de su nombre), siguiendo por el calor humano de Pepe, aconsejándonos sobre nuestras visitas a la ciudad y cómo era mejor moverse por ella (aquí tengo que hacer mención a Ali, nuestro taxista y a su hermano, siempre disponibles y atentísimos para con nosotras). Sintiéndolo mucho, Ana enfermó (por agotamiento y estréss) y sufría mucho por no poder atendernos, pero Pepe supo hacerlo por los dos, nos hizo su visita guíada por Habana Vieja, un placer en todo momento por sus explicaciones, por su buen humor y sobre todo por su categoría como persona.
También quiero agradecer a Margarita sus cenas, comidas y su sonrisa a todas horas... qué bueno el aguacate¡¡¡¡ y sobre todo su disponibilidad en todo momento.
De ahora en adelante, sé que tenemos una familia en Cuba que nos aprecia y a la que apreciamos, recordamos con cariño y deseamos volver a verlos pronto.
Día a día se fueron metiendo en nuestro corazón hasta que la hora de la partida se hizo bastante difícil y muy entrañable.
Sin duda recomiendo esta casa a todas las personas que quieran conocer y sentir Cuba de verdad.
Espero veros pronto, no os olvidaremos¡¡¡¡¡¡¡
Olivia y Adela
- Hotel La Casa De Ana La Habana
- Hotel La Casa De Ana
