Estuvimos en Punta Cana por 10 noches alojados en este hotel que hace honor a su nombre, desde que uno pone un pie en él y te reciben con una copa de champagne, todo es maravilloso! El servicio de la gente de recepción muy cordial, nos alojamos en una suite junior con vista al mar en el edificio 3, un encanto de habitación. Los detalles de esperarnos con champagne y frutas, obsequio de cena romántica ( por nuestro aniversario) y todo en general, nos hizo sentir en la gloria.
Las instalaciones son completísimas, los restaurantes son sensacionales, el manager de restaurantes que se llama Víctor, es una persona obsesiva con la perfección y controla todo personalmente, una maravilla. El restaurante Lobster House ( mi favorito), ofrece menú de langosta delicioso todas las noches, el francés es increíble, bueno, todos lo son ( en total 8).
Los shows muy buenos, en especial la noche de números de circo, un día hay cena temática en la playa al atardecer, cine en la playa otro día, todo con programación diaria que te dejan sobre la cama la noche anterior ( como en los cruceros), incluido el pronóstico del tiempo.
El servicio de bar en la playa es permanente, a nosotros nos atendía casi siempre Sandy, muy simpático. Toda la gente lo es en realidad, hay tanta buena onda, tan buena energía en ese lugar que te hace feliz.
La playa es soñada, la limpian y mantienen perfectamente, y el mar lindísimo
Lo único que nos pasó es que no sé si será siempre o por la época, había millones de mosquitos, que en mi caso no fue mucho problema, pero mi marido es alérgico y lo sufrió mucho. Fumigaban 2 veces por día, pero los terrenos colindantes estaban inundados y era un verdadero problema.
Los jardines en los terrenos de la parte de adelante eran hermosos y había flamencos, patos, papagayos y tortugas.
Para mí fue un placer haber ido y me encantaría volver algún día!
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