El Mount Edge no es en realidad un hotel boutique elegante, más bien es sencillo y pensado para turistas con la mochila a cuestas. Sin embargo, lo que lo hace tan especial son algunas características como su ubicación. Estás casi en la cima de la montaña, lejos de todo, con vistas espectaculares, rodeado de un verdor magnífico, frutas y verduras frescas por doquier y vegetación frondosa. Además, de animales, aves exóticas y un aire fresco de la montaña (llévate algún jersey de manga larga). Las paredes de los alojamientos necesitan una mano de pintura y algunas reparaciones pero tampoco pasas demasiado tiempo en la habitación. Su hospitalidad es extraordinaria. Michael (el propietario) y Ox (empleado) cocinan unos platos impresionantes que comimos al estilo familiar, puesto que aquí familia es una palabra clave. Te hacen sentir como en familia, pasando las noches en el salón, o a la fresca en el porche o quizás en el bar. Buena conversación, una copa o lo que te apetezca, lo tienen todo y todo es positivo y agradable. En definitiva, un hogar excelente alejado de casa. Volveremos cuando podamos. Está bastante apartado e incluso un poco aislado para los que no estén acostumbrados a estar en el campo sin todas esas comodidades que ofrece la vida en las grandes ciudades. El alojamiento y el lugar son rústicos pero el encanto del lugar y la cálida bienvenida son extraordinarios. Si eres forofo de observar a las aves o de practicar senderismo este lugar es incluso más espectacular.
